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¿Cómo ahorrar e invertir en la etapa más cercana a la jubilación?
16:00 | 29/11/2019
  • La generación de la denominada etapa cercana a la jubilación es la que seguiría a los de la etapa de consolidación, se sitúa entre los 50 y los 65 años y se denomina la fase de acumulación adicional de patrimonio
  • En lo que respecta a la parte pública, conviene seguir haciendo una estimación de cuál puede ser nuestra futura pensión para que, en caso necesario, tengamos tiempo suficiente para aumentar las aportaciones a la parte privada
  • En cuanto al ahorro complementario o pensión privada, en la etapa cercana a la jubilación, los salarios presentan inicialmente un crecimiento hasta los 57 años aproximadamente, para luego empezar a descender, ya que muchos de los activos prefieren sustituir trabajo por ocio
Por Futuro a Fondo

Una vez superada la etapa de millennial y la de consolidación -donde lo más importante, en el ahorro privado, era realizar una adecuada planificación del ahorro y de los productos seleccionados para su inversión- cuando ya se está cerca de la jubilación hay que seguir vigilando las inversiones, pero sobre todo ir pensando en la edad de acceso a la jubilación, porque no olvidemos que la principal fuente de ingresos durante la etapa pasiva es mayoritariamente la pensión pública.

La generación de la denominada etapa cercana a la jubilación es la que seguiría a los de la etapa de consolidación. Estarán comprendidos los que se encuentran entre los 50 y la edad de jubilación, que depende exclusivamente de la decisión del cotizante, aunque podríamos tomar como referencia la edad ordinaria de jubilación que, cuando acabe el periodo transitorio de la Ley 27/2011, estará comprendida entre 65 y 67 años. Esta fase coincide con la que en el documento elaborado por Instituto Santalucía (2018), se sitúa entre los 50 y los 65 años, y que denominan acumulación adicional de patrimonio.

Como norma general, las pensiones, tanto las públicas como las privadas, hay que seguir trabajándolas; si bien cada una de forma diferente. En lo que respecta a la parte pública, conviene seguir haciendo una estimación de cuál puede ser nuestra futura pensión para que, en caso necesario, tengamos tiempo suficiente para aumentar las aportaciones a la parte privada, de tal forma que la pensión total esperada alcance una cuantía o tada de sustitución (relación entre a pensión total y nuestro salario) que nos permita mantener nuestro nivel de vida tras la jubilación. 

Para ello, naturalmente, es preciso conocer qué pensión pública podemos recibir a diferentes edades de jubilación y no centrarnos exclusivamente en una de ellas. Precisamente, vamos a dedicar la última parte del documento para dar la pista de cuál es la mejor edad de jubilación según un criterio puramente económico: Renta bruta por pensiones.

En cuanto al ahorro complementario o pensión privada, en la etapa cercana a la jubilación, los salarios presentan inicialmente un crecimiento hasta los 57 años aproximadamente, para luego empezar a descender, ya que muchos de los activos prefieren sustituir trabajo por ocio; tal como puede verse en el siguiente gráfico.

Otros aspectos que hay que tener en cuenta durante la etapa cercana a la jubilación respecto de la pensión privada son los siguientes:

a) La iliquidez de un producto de ahorro ya no es una importante barrera para invertir hasta la edad de jubilación, por su cercanía.
b) Hay que vigilar el perfil de ingresos y su tipo impositivo marginal por si resulta interesante considerarlo a la hora de elegir como producto de inversión los planes de pensiones y planes de previsión asegurados, por su diferimiento fiscal.

Conclusiones

La edad óptima de jubilación bajo el criterio de la maximización de la Renta Bruta por Pensiones puede ser distinta según las características del individuo: sexo, edad inicial y años cotizados. Además esta edad óptima no es simple de calcular debido al periodo transitorio de la Ley 27/2011 y a la normativa en cuanto a coeficientes a aplicar por jubilación anticipada y demorada. No obstante, en general, no resulta nunca óptima la jubilación anticipada debido a los excesivos coeficientes reductores, mientras que sí que resulta óptima, en ocasiones, la jubilación demorada, especialmente en mujeres y en carreras laborales cortas, aunque el caso más frecuente es aquel en el que coincide la edad óptima con la edad legal de jubilación.

La razón es que nuestro sistema de pensiones penaliza en exceso la jubilación anticipada, de tal forma que el mayor número de años de cobro de la pensión no compensa la reducción que sufre la pensión inicial. Del mismo modo, las bonificaciones por demorar la jubilación son tan reducidas que el incremento que se produce en la pensión inicial no compensa la reducción que se produce en el número de años de su percepción.

Al final, cada persona debe elegir el momento de retiro en base a sus preferencias, teniendo en cuenta el criterio de la RBP aquí planteado, pero también todas aquellas circunstancias personales que sean valoradas por el individuo.

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