Paula Mercado (VDOS) /
¿Cómo construir una estrategia de inversión de rentas?
11:00 | 10/05/2021
  • El arte de invertir para obtener rentas consiste en componen una cartera con acciones, bonos, fondos e inmuebles que genere los mayores ingresos anualmente con el menor riesgo posible
  • Los bonos a menudo se consideran la piedra angular de la inversión para obtener ingresos recurrentes porque generalmente fluctúan mucho menos que las acciones
  • El porcentaje de la cartera que debe asignarse a cada clase de activo depende de las decisiones personales, preferencias y tolerancia al riesgo de cada inversor
Por Paula Mercado

Si le preocupa más pagar sus facturas y tener suficientes ingresos que hacerse más rico, puede considerar el uso de una de las técnicas de inversión más antigua: la inversión de rentas (income investment). En este tipo de inversión se diseña una cartera diversificada para lograr una renta recurrente que ayude a financiar los gastos. Pueden ser bienes raíces, acciones, fondos de inversión y bonos. 

El arte de invertir para obtener rentas consiste en componen una cartera con acciones, bonos, fondos e inmuebles que genere los mayores ingresos anualmente con el menor riesgo posible. Naturalmente, este es un tipo de inversión bastante popular entre aquellos que están cerca de la jubilación o ya jubilados, ya que en esta última etapa de la vida se necesita un flujo constante de ingresos para reemplazar los ingresos que se tienen cuando se estaba en activo. 

La regla general de la inversión de ingresos recurrentes es que, si nunca desea quedarse sin dinero, no debe asignar más del 4% de su sueldo cada año para obtener ingresos. Por ejemplo, si se propone ahorrar 350,000 euros al llegar a su fecha de jubilación, supondría invertir 146 euros al mes desde los 25 años, asumiendo una rentabilidad anual del 7%, esto le permitiría disponer de unos 14.000 euros anualmente sin quedarse sin dinero.

Para construir una cartera de inversiones de rentas, son tres los grandes grupos de activos con los que puede contar: 1) Acciones de empresas que pagan dividendos, es decir pagan una parte del beneficio anual a los accionistas en función del número de acciones que poseen. 2) Bonos, que dependiendo del tipo de emisor y de su calificación crediticia pagan un cupón periódico a sus bonistas y 3) bienes raíces, que ofrecen varias opciones, desde propiedades para alquiler hasta sociedades de inversión inmobiliaria (socimis). Los bienes raíces tienen sus propias reglas fiscales y es un tipo de inversión que hace que algunas personas se sienten más cómodas, porque los bienes raíces ofrecen cierta protección contra subidas de inflación.

Las acciones de dividendos deberían tener varias características: 1) Ofrecer una ratio de pago de hasta un 50%, de forma que el resto retorne al negocio de la compañía para su crecimiento futuro. 2) El rendimiento por dividendos debería oscilar entre 2% y 6%, ya que ir más allá podría dañar la posición competitiva de la empresa. 3) Han de ser compañías que hayan generado ganancias positivas sin pérdidas en los últimos tres años, como mínimo. 4) Mostrar una trayectoria de aumento paulatino de los dividendos. 5) También habría de considerarse la rentabilidad financiera de la empresa y su ratio deuda/capital, que han de mostrar su salud financiera respecto a sus competidores, importante para disponer de un colchón en caso de recesión.

Los bonos a menudo se consideran la piedra angular de la inversión para obtener ingresos recurrentes porque generalmente fluctúan mucho menos que las acciones. Con un bono, el inversor está prestando dinero a la empresa o gobierno que lo emite; con una acción, pasa a ser dueño de una porción del negocio. El beneficio potencial de los bonos es mucho más limitado; sin embargo, en caso de quiebra, se tienen más posibilidades de recuperar la inversión. 

Los bonos son más seguros que las acciones, pero no están libres de riesgos. 1) La duración prolongada de los bonos es uno de los mayores riesgos. Para una cartera de rentas convendría optar por bonos que venzan en menos de 5-8 años porque pueden perder mucho valor si los tipos de interés se mueven bruscamente. 2) Debe tratar de evitar emisiones extranjeras arriesgadas que pueden verse afectado por el fluctuante mercado de divisas.

Para averiguar el porcentaje que debe tener en bonos, puede seguir la antigua regla, que, según Burton Malkiel, famoso autor de "A Random Walk Down Wall Street", es la edad. Si tiene 30 años, entonces el 30% de tu cartera debería estar en bonos. Si tiene 60 años, debería ser el 60%. 

Los bienes raíces pueden ser una gran inversión para aquellos que quieren generar ingresos regulares. La opción principal es comprar una propiedad directamente o invertir a través de una socimi. Ambas acciones tienen sus propias ventajas y desventajas, pero cada una puede tener su función en una cartera de inversiones bien construida. 

Una ventaja importante de los bienes raíces es que, si se siente cómodo usando deuda, puede aumentar drásticamente su tasa de retiro porque la propiedad en sí mantendrá el ritmo de la inflación. Este método no está exento de riesgos, por lo que no debería poner el 100% de sus inversiones en propiedades. 1) Si el mercado inmobiliario cae, la pérdida se amplifica por el apalancamiento. 2) El sector inmobiliario requiere más trabajo que las acciones y los bonos por posibles demandas, mantenimiento, impuestos o seguros y 3) sobre una base ajustada por inflación, el crecimiento a largo plazo de los valores bursátiles siempre ha superado a los bienes raíces.

El porcentaje de la cartera que debe asignarse a cada clase de activo depende de las decisiones personales, preferencias y tolerancia al riesgo de cada inversor. La más simple sería un tercio en acciones que pagan dividendos que cumplen criterios previamente establecidos, o un tercio en bonos o fondos de renta fija que cumplan los criterios previamente establecidos y un tercio en bienes raíces, muy probablemente en forma de propiedad directa.

En cualquier caso, hay fondos de inversión diseñados específicamente para el propósito de obtener rentas, gestionados por profesionales expertos y que ofrecen la posibilidad de invertir pequeñas cantidades en una cartera diversificada y a un menor coste que la inversión directa.